Nicolás Miranda
Carlos Giambiagi emerge en estas páginas como una figura que rehúye cualquier molde. Pintor, grabador, crítico, editor y lector voraz, construyó su obra en un vaivén constante entre Buenos Aires y el monte misionero, donde pasó casi tres décadas buscando —y encontrando— una forma distinta de ver y sentir la naturaleza. Allí, entre picadas, lluvias interminables y una vida austera, descubrió “formas salvajes, colores sutiles”, y convirtió esa experiencia en un corpus plástico y escrito de una intensidad poco frecuente.Sus pinturas, atravesadas por estallidos cromáticos y una espiritualidad panteísta, no sólo añadieron motivos inéditos a la iconografía del paisaje argentino: también revelaron una sensibilidad que entendía la selva como materia viva, capaz de modelar al artista tanto como él a ella.Este volumen reconstruye ese itinerario singular a partir de cartas, diarios, cuadernos, críticas y testimonios de colegas que lo definieron como un “pintor cultísimo”, un polemista feroz y un trabajador del arte que prefería la escasez antes que la repetición comercial. Lejos de la fórmula “vida y obra”, el libro propone una lectura que entrelaza sus búsquedas estéticas, sus tensiones con el campo artístico, sus afinidades y disputas, y la profunda transformación que produjo en él la experiencia misionera.En diálogo con las corrientes de su tiempo y con las voces que lo acompañaron —o lo enfrentaron—, Giambiagi aparece aquí como un creador que hizo de la libertad, la claridad y la honestidad intelectual su brújula. 10