Jorge Papadópulos / Rasia Friedler
Hay un espacio. Y están ellos. En cada calle, a la vuelta de cada esquina, miran el transcurrir de los dÃas con ojos indiferentes. Tras los escaparates existen otros mundos, en los cuales las reglas del tiempo han sido alteradas.Ellos viven un presente eterno, luminoso y resplandeciente. Con cada estación y a cada nueva ola de la moda, vestimentas y escenarios mutan y se transforman, pero ellos permanecen imperturbables. Resisten en su perfección distante. Nunca van a envejecer. Nunca van a morir.Siempre erguidos, siempre brillantes, esperan con etérea elegancia a Rasia, mientras que Jorge camina firme y decidido a su encuentro. Con sus mejores atavÃos, bailan una inmóvil danza a través del vidrio. Ante los ojos y la mirada de Rasia, la ilusión de tiempo detenido se acentúa. Hay en sus fotos un develar; bajo las capas de ropa, se vislumbra la suave e impoluta desnudez de cuerpos de sexo indefinido. Hay un silencioso surrealismo en sus fotos, resuenan sutiles ecos de la gran Grete Stern.En las fotografÃas de Jorge late una tensión, una urgencia, algo que empuja y atrae. La transparencia de la acción. La calle impone su ritmo, Jorge va en búsqueda de esos otros mundos que prometen la efÃmera felicidad que el dinero puede proveer. Tras la aparente contradicción de cuerpos andróginos e inexpresivos, surge un inquietante juego de seducción. La sensualidad de esas formas perfectas emerge. Deseo y fascinación… pero siempre tras la barrera de un vidrio. Amores no correspondidos… Joan Manuel Serrat da fe de ello en su hermosa De cartón piedra. Rasia y Jorge trabajan entonces sobre esa utopÃa, navegando en esa ambigüedad: el verdadero mundo, ¿se encuentra de este lado del vidrio, o del otro? Y se formulan una pregunta, no menos inquietante: ¿Quién mira? ¿Quién es mirado?Gabriel Varsanyi