Editorial Mítico S.A.S.
El pecado, más que un desvío moral, aquí se revela como una condición inevitable de la experiencia humana: una marca que delata la fragilidad y el deseo que nos excede. El espejo funciona como metáfora de una intimidad culpable y, mientras la codicia consume, la soledad se impone como condena y la violencia surge no solo como anomalía, sino como pulsión en lo cotidiano. Estos relatos, diversos en voz y forma, convergen en un mismo núcleo: el reconocimiento de la humanidad frente a su lucha perpetua entre deseo, culpa y memoria.