Julián Gutiérrez Conde
Al «ABEDEZARIO», como dice Mayuca cuando se le enredan las letras, deben enfrentarse los chiquillos en su aprendizaje. Aficionarlos a conocer toda esa ristra de signos, identificarlos y recitarlos es una de las primeras tareas de un buen maestro. Detrás viene la magia de fusionar unas letras con otras para construir sonidos, después vendrá la de construir palabras. Así se llega a la valiosa creación del pensamiento.Aquel anciano maestro, que durante años ha sido el alma de la enseñanza en aquella pequeña ciudad, ha visto pasar generaciones de alumnos. Su vocación y pasión por la enseñanza le han llevado a utilizar inteligentemente la música como apoyo para facilitar el aprendizaje. Y sus canciones han quedado grabadas en todos los escolares que pasaron por sus animadas y apasionadas clases.Los chiquillos ven estimulada su ilusión y su empuje, no solo para aprender, sino para admirar la naturaleza, las labores del campo o los trabajos artesanales.Estos cuentos reúnen aventuras junto a la alegría,el buenhumor y una puerta al recuerdo de antiguas canciones que los niños entonan y que el lector puede escuchar a través de los códigos QR contenidos en este librito.